Comienzo propiamente mi día tesístico leyendo el artículo El cuerpo-escritura de Cristina Rivera Garza Body-Writing Garza Cristina Rivera de Cécile Quintana. Y la primera propuesta que me parece interesante es el rastreo del cuerpo en la obra novelística de Rivera Garza. Ese pequeño listado de cómo ingresa el cuerpo a las novelas de Cristina. Y dentro de este recuento, se menciona una frase al final del capítulo dos de Nadie me verá llorar que dice: Si algo ha aprendido Joaquín es que las grandes catástrofes ocurren siempre, siempre, en los cuerpos. Sobrevivirá.
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Nota mental (no tan mental ya que la he tipeado): debo volver a leer Nadie me verá llorar.
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Nota mental (insisto, no tan mental) posterior: debo releer TODA la obra de Cristina.
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Me gusta cuando puedo vislumbrar el orden del discurso en el texto académico: ahora sigue un párrafo que hablará de esto, después un párrafo donde expondré lo otro, todo para poder llegar a decir aquello. Una coreografía del pensamiento o de las ideas. La danza de lo que se quiere decir y que la otra persona comprenda.
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Leer un blog en 2004 es como tener una máquina del tiempo. Ahora estoy en 2023. Ahora estoy en noviembre 4 de 2004.
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Hice una nota en mi cuaderno de la tesis. Ah, porque además de esta bitácora digital, por supuesto que también tengo un cuaderno físico y análogo para la tesis. Como decía, hice una nota o más bien un esquema de cómo será párrafo por párrafo la introducción del capítulo 1 que plantea los marcos interpretativos rivergarceanos al tiempo que enmarca la obra de Cristina en tres aparatos conceptuales de la literatura del siglo XXI recientes.
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Hoy, por primera vez después de un vez de venir a la Casa Estudio, hizo calor. Me entero ahora que estuvimos a 31 grados. Quizás por eso. Igual me estoy tomando un cafecito caliente.
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He decidido que todas las imágenes que acompañen esta bitácora serán muebles. Muebles archivadores. Como yo que mientras escribo la tesis soy un mueble archivador.

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